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IV. ENTORNO HOSTIL

El período de la Transición —comprendido entre los años 1975 y 1982 según autores como Álvaro Soto— inauguró un nuevo capítulo en la historia del periodismo feminista español. Tras el cierre de Vindicación Feminista otras publicaciones de corte reivindicativo tomaron el testigo y asumieron la tarea de corregir el déficit histórico de figuras femeninas que había lastrado la práctica periodística a lo largo de los siglos. En la década de 1980 vieron la luz cabeceras como Tribuna Feminista, La Mujer Feminista, Desde el Feminismo o Mujeres Libertarias, con el objetivo de conquistar espacios anteriormente reservados a los varones.

 

Paulatinamente, el ideal de la igualdad fue ganando terreno en la sociedad posfranquista, no sólo en los medios de comunicación, sino también en la política y la judicatura. En este sentido, la Constitución española desempeñó un papel importante, puesto que reconoció a las mujeres y a los hombres como sujetos libres e iguales. En su artículo 9, la carta magna encomienda a los poderes públicos la salvaguarda de la igualdad de todos los individuos:

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“Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas: remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.

 

Si bien es cierto que la aprobación de la Constitución supuso avances en cuanto a derechos legales se refiere, el estatus de la mujer en términos sociales y de oportunidades laborales no experimentó demasiados cambios. Respecto a esta cuestión, el historiador Juan Sisinio Pérez denuncia en su obra Historia del feminismo que la discriminación hacia las mujeres se asentaba sobre una serie de convenciones culturales que trascendían el marco jurídico.

 

La filósofa y escritora Amelia Valcárcel ahonda en la cuestión de la segregación por razón de género. En su investigación La memoria colectiva y los retos del feminismo, sostiene que en la sociedad de los años setenta la igualdad era una mera apariencia: “Continuaba existiendo una distancia jerárquica y valorativa que en modo alguno se podía asumir como legítima”. La tesis de Valcárcel entronca directamente con los planteamientos de la tercera ola feminista, que se gestó progresivamente durante la década de 1990 en Estados Unidos.

 

El término “feminismo de la tercera ola” fue acuñado por la escritora Rebecca Walker en un artículo para la publicación feminista Ms., titulado Becoming the Third Wave. En este texto, Walker manifiesta un alegato contra el nombramiento de Clarence Thomas como juez de la Corte Suprema de Estados Unidos, sobre el que recaía una acusación de abuso sexual. La autora del artículo encuentra en el caso de Thomas el simbolismo de la inviolabilidad de los varones frente a la repulsa de las mujeres en la sociedad norteamericana. En base a esa referencia, Walker proclama que la discriminación contra la población femenina prevalece en el conjunto de la sociedad, “dejen que la confirmación de Thomas les sirva para recordarles, como me recordó a mí, que la lucha está lejos de terminar”.

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Rebecca Walker en 2003 // David Fenton

Un reportaje multimedia de
Rafael Ruíz-Matas y Marta Tiago

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